Hace un tiempo le conté a un amigo que estoy dibujando "osos": hombres robustos, maduros, tipo camionero. Le hablé de lo que me atrae de ellos — la actitud varonil, el sudor, la fuerza bruta, ese olor masculino de macho bruto.
"Ah, pero entonces te gustan los hombres machistas," me dijo.
"No dije nada machista," le respondí.
"Pero esos hombres son machistas," insistió.
Ahí le propuse un ejercicio. Le dije:
"imagínate a un hombre de 50 años que llega de trabajar en la construcción. Es gordo, robusto. Está sudado por estar bajo el sol trabajando con fuerza bruta todo el día. Se quita los zapatos y los calcetines, se abre la camisa, saca unas cervezas del refrigerador, se sienta en el sillón y prende la tele para ver un partido, mientras se rasca la panza y se huele la axila apestosa. Se emborracha un poco y luego se queda dormido, roncando.
Todas estas características y actitudes podrían asociarse a un macho bruto, un hombre "de verdad".
¿En qué momento mencioné algo que perjudique a una mujer?"
Mi amigo se quedó pensando. "Buen punto," dijo.
Y eso es exactamente lo que quiero dibujar.
Cuando imagino a mis personajes —gordos, peludos, con esa pinta de camionero que a primera vista grita "macho hetero tradicional"— sé que estoy jugando con una expectativa cultural. Nos enseñaron a leer ese cuerpo, esa rudeza, esa actitud, como sinónimo automático de un pensamiento cerrado hacia las mujeres o hacia lo distinto. Pero un cuerpo no piensa nada por sí mismo. La fuerza bruta no viene con una ideología incluida. El sudor no es machista. La panza rascada frente al televisor no es machista.
Por eso mis personajes suelen ser bisexuales en vez de heteros: no porque eso "corrija" al macho clásico, sino porque muestra algo que la cultura rara vez deja ver — que se puede tener esa fuerza, esa pinta, esa actitud varonil, sin que venga acompañada del desprecio o la superioridad que solemos asociarle. El hombre de este ejemplo perfectamente podría tener un pensamiento feminista de base, sin que eso le quite ni un gramo de macho clásico. ¿Es poco probable? Sí; debido a que culturalmente este estereotipo ha estado acompañado de un contexto machista. ¿Es uno producto del otro? No sé. Pero sí sé que no están necesariamente enlazados.
Ser macho no implica ser machista. Son dos cosas distintas que la cultura nos acostumbró a ver como una sola. Y separarlas, al menos para mí, es parte de lo que intento hacer cada vez que dibujo.
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